domingo, 28 de febrero de 2016

José Solanilla y Lacambra, un bandolero de Palo.


 Tal día como hoy, un 28 de febrero, pero de 1875, moría Mariano Gavín, popularmente conocido como el Bandido Cucaracha, el más famoso de los bandoleros aragoneses. Héroe para unos, villano para otros, la figura de Cucaracha ha estado presente desde entonces en muchas historias y leyendas de la tradición aragonesa, especialmente de la zona de Los Monegros, donde se desarrollaron la mayor parte de sus correrías.


José Solanilla y Lacambra, historia de Palo
Vista de la Sierra de Alcubierre, escenario de las andanzas de Cucaracha. Foto: Zaka


 Mariano Gavín fue sorprendido por una patrulla de la Guardia Civil mientras descansaba junto a cuatro de sus compañeros en el corral de Lanica, una paridera de ganado próxima a la localidad de Lanaja. Tras un intenso tiroteo, los cinco bandoleros fueron abatidos por los disparos de los guardias. La partida de defunción [i]  que se conserva en la parroquia de Lanaja nos proporciona los nombres y algunos datos de los fallecidos. Entre ellos cabe destacar la presencia de José Solanilla y Lacambra, natural del pueblo de Palo.

 Dicha partida de defunción nos informa de que José Solanilla tenía 35 años en el momento de su muerte (nacería, pues, entre 1839 y 1840), que era natural de Palo, y que era hijo de Antonio (Solanilla) y Antonia (Lacambra), también naturales de Palo. Al no conservarse los registros parroquiales de Palo de esa época, es difícil poder precisar de qué casa de Palo provenía José Solanilla. Es más que probable que su familia fuese de las más humildes del pueblo y que, como a tantos otros, el hambre y la necesidad le empujaran al bandolerismo. He consultado el Amillaramiento (padrón de las propiedades de los vecinos) de Palo de 1863 y entre los propietarios de la localidad no se encontraba nadie con el apellido Solanilla, lo cual creo que puede corroborar el origen humilde de nuestro protagonista.

José Solanilla y Lacambra, Historia de Palo
Cartel de la película de animación El Bandido Cucaracha , de Héctor Pisa y Juan Alonso, recientemente estrenada.


 Parece que Solanilla gozaba de buena presencia, pues “vestía con elegancia, tenía un gran representado, sumamente blanco, con cara hermosa de fino cutis, cubierta de larga barba, limpia, negra y bien aseada”[ii].

 En algunas fuentes consultadas (Wikipedia incluida) es bastante frecuente la confusión entre José Solanilla y uno de los cabecillas de la banda de Cucaracha conocido como El Guarnicionero de Alcolea (a) “la Víbora”. Hay que decir que se trata de dos personas distintas, ya que El Guarnicionero no se encontraba el 28 de febrero en Lanica, sino que fue capturado meses más tarde en Castejón de Navarra, tal y como lo recogería el diario El Diario de Huesca en su edición del 21 de diciembre de 1875:

"La noticia de la prisión del Guarnicionero de Alcolea (a) la Víbora, el más temible de los bandidos de Cucaracha, en cuya partida ejercía el cargo de segundo jefe, ha llenado de satisfacción a la mayor parte de los pueblos de los partidos de Fraga y Sariñena, donde no se goza aún de la tranquilidad necesaria, pues existen restos de las antiguas cuadrillas, tan temidos como lo fueron estos, y los que no desaparecerán hasta que la Guardia civil vuelva a sus ordinarios cantones y ejerza su acostumbrada y combinada vigilancia sobre los criminales”. Un solo guardia civil, que por haber servido en esta provincia conocía al Víbora, ha llevado a efecto su captura en Castejón de Navarra. El preso se halla desde la semana anterior en la cárcel de Fraga [iii].






[i] ANDOLZ, Rafael: El bandido Cucaracha y Puchamán de Lobarre. Librería General, Zaragoza, 1987, págs.  50 y 51. Los fallecidos fueron: Mariano Gavín y Suñén, (a) Cucaracha, Antonio Sampériz Peralta, (a) el Cerrudo, Melchor Colomer y Terrer, (a) el Herrero de Osso, José Bernad y Rivas, (a) el Molinero de Bellver, y José Solanilla y Lacambra.

[ii] ADELL CASTÁN, José Antonio, y GARCÍA RODRÍGUEZ, Celedonio: Historias de bandoleros aragoneses. Editorial Pirineo, , Huesca, 2000, pág. 73.

[iii] El Diario de Huesca, 21 de diciembre de 1875, pág. 2 y 3.

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